Los sistemas de producción, que son cada vez más globales y transnacionales. Si bien lo nacional es importante y hay que dar batalla por defenderlo, nos estamos enfrentando a desafíos a nivel planetario.
La historia del movimiento obrero, su adaptación permanente a las estructuras del capital es lo mismo que está ocurriendo ahora, y ahí es donde falla un poco todo.
El neoliberalismo viene venciendo la batalla. La izquierda ha sido intoxicada de conceptos, preceptos y palabras del neoliberalismo y hemos entrado en esto medio sin darnos cuenta. Aceptar ese tipo de valores culturales implica quebrantar otros valores.
Amenazar el poder de las élites
¿Somos los sindicatos una amenaza real para las elites dominantes? Y sobre todo: los partidos de la izquierda tradicional -que tanto hizo para que los derechos de los trabajadores sean respetados-, ¿hoy en día son una amenaza para las elites poderosas?
Actualmente la respuesta es no, y si no somos una amenaza real tenemos que ver cómo nos transformamos en una amenaza real.
Los gobiernos de Europa, en este momento en su mayoría gobiernos conservadores, están ejerciendo de representantes magníficos de los intereses de las compañías transnacionales y de un nuevo reordenamiento del sistema capitalista.
Criminalización de la protesta
Esto es algo que no sucede solo en España: se viene extendiendo a Grecia, a Portugal y está empezando a ocurrir en Italia.
En general se viene dando en los países cuyo movimiento sindical suele ser el más combativo ante este tipo de políticas de ajuste de los gobiernos.
En esta nueva redefinición del capitalismo internacional, el sindicalismo está en el ojo de la tormenta, porque solo los sindicatos son capaces de contestar este nuevo sistema que quiere reducir el Estado de bienestar europeo a costa de los trabajadores.